domingo, 21 de abril de 2013

FRENTE A ÉL por SILVIA BALBUENA

      


Sábado de Semana Santa. Tarde de partido de Central.
Sola, tomo mi sillón amarillo y me voy a la playa en la bella Mar del Plata. El sol y un viento a veces intenso del sureste acaricia mi piel, dándole estímulos a mis pensamientos. Una bruma empieza a llegar del mar y va desdibujando los edificios costeros, mi mirada también desdibuja ese mar que me atrapa, me envuelve, me apasiona. ¿Por qué? Empiezo a bucearme respuestas.
 Ese ir y venir de las olas me mece, me lleva a mi interior. Tal vez a mi yo más profundo. Tal vez rescato esas sensaciones de esa etapa irrevelada de mi flotación en el líquido amniótico, cuando todavía el vientre materno era el muro contra todos los dolores.
O ese flotar de yodo y sal de la atmósfera que acaricia la piel, se mete en sus poros, la hace dorada, brillante, tersa, joven, atrapa en ella los elixires de la eterna juventud.
Tal vez ese constante venir y volver de las olas a la playa sea como un minutero que me da el ritmo del tiempo latido, vivido, atrapado, perdido. O sus espumas que se esfuman en la arena sea la vida que se difunde en desvanecimientos. 
Busco el horizonte ¿Existe? Esa unión de azules, azul de cielo, azul de mar ¿es verdadera? ¿es ilusión? Siento que el horizonte es la vida misma, esa que vivo y observo, esa que late o que atrapo, esa que alcanzo y pierdo, esa que parece un horizonte y es una utopía a la que quiero llegar y sólo me sirve para caminar como dice Galeano, esa que tengo cercana y que se aleja.
Esa sensación de infinitud viva del agua salada moviéndose por siglos de igual manera, fiel a los designios de la luna, con una fidelidad sagrada a las mutaciones y los ciclos, con una constancia sin quiebres, con una permanencia de siglos, me envuelve. Tal vez quisiera meterme para siempre en esa infinitud, ser yo en un mundo eternamente mío, ser alta,  soberbia, perfecta como Alfonsina quiso, para merecer esa fidelidad y fundirme en esa infinitud.
Empiezo a caminar entre las dos escolleras, ahí donde las olas terminan y la arena es la cuna permanente del agua. Me gusta que en intervalos armónicos las olas me lleguen, me atrapen, me anuncien que el mar es mío, que se deshagan en mis pies, me hagan cosquillas con las espumas desarmándose. Es el placer de tenerlo, de ser yo y él. De que esa inmensidad se me haga pequeña y mía. ¿Egoísmo? ¿Necesidad de fundirme en él?
Levanto una conchilla. Gastada por la fuerza sin desmayos del agua. Con la cicatriz de la vida que una vez portó. Transformándose en arena para continuar con el designio de su existencia. Al tocarla siento su energía de ser. La aprieto fuerte, le doy mi energía, como si la vida en ese momento se redujera a ella y yo, a esa conchilla tal vez de vida lejana, tal vez de existencia centenaria, tal vez de futuro diferente…
Levanto un pequeño canto rodado. Esmeradamente liso de un lado, mostrando orgulloso cómo el mar lo moldeó. E inesperadamente marcado del otro, como si hubiera estado aferrado a un acantilado, a un coral, a un fondo y el mar con su poderío lo arrancó y me lo trajo ufano a la playa. También me dio su energía, también lo apreté fuerte y le di la mía.
Puse conchilla y piedra en la misma mano, los metí en mi puño cerrado, les pedí un deseo y fuertemente los lancé al regazo del que vinieron.
El mar, su movimiento, su inmensidad, su sin fin… fue mío, sólo mío. Con toda su carga que siempre me embelesa.

domingo, 14 de abril de 2013

ELECCIÓN por MARÍA CRISTINA ZAMORA



Hacía unos días que Estela estaba nerviosa, desde que había hablado con Ricardo, su esposo, y éste se había negado rotundamente a que ella siguiera adelante con  su embarazo de casi un mes, alegando que todavía no era el tiempo de ellos para esa responsabilidad, y que además ya lo habían hablado al casarse bien claro que él no quería hijos, y que ¡cómo le había hecho eso!  Le dijo además que se desprendiera del mismo cuanto antes, que él buscaría información sobre  dónde podría ir ella para que la despojaran de ese  “problema”,  y que él le daría el dinero para esa intervención.
Se sentía cautiva de esa situación, perdida en las sombras de la incomprensión  y del absolutismo de él, el mes anterior había perdido  a su madre después de una dolorosa  y  larga enfermedad  y  sentía su alma, su corazón  y  su cuerpo heridos al ir acumulando dolor tras dolor; abrigaba una pequeña esperanza de poder huir de este castigo  que él le imponía tan cruelmente.
Miraba con su afligido corazón  los pájaros de cenizas golpeando en su ventana, ella misma parecía un pájaro  con las alas caídas, al sentir cómo el amor  que viene y va, iba dejando una huella gris de dolor detrás de él, alejándolo de su vida, perdiéndose .
Lo veía y lo sentía  como  a  una criatura extraña que ama sin ojos   y  en su egoísmo  destrozaba todo  sentimiento  puro, bello  y  bueno.
Dos días después del ultimátum, él le pasó un papel con una dirección, sin hablarla, puesto que no lo hacía desde el anuncio de su estado y al ver la reacción  y  decisión tan inconmovible  en él, ella le había rogado que no le hiciera eso, que la dejara seguir con el embarazo, que no quería deshacerse del mismo, que deseaba tenerlo, pero eso parecía que lo había enfurecido mucho más, llegándole a decir  que si quería seguir  adelante con eso tendría que hacerlo sola  y  olvidarse de él para siempre, que ella tendría que elegir, así que junto con la dirección le dejó un sobre con dinero  y  le avisó que tendría que ir sola pues no la podría acompañar ese día  ya que tenía que viajar con su socio  al interior  para cerrar una venta para la inmobiliaria  y esperaba que a su regreso estuviera todo solucionado  y  volvieran  a  estar como antes.
Su aura temblorosa  buscaba atraer una luz  que dispersara las brumas de sus angustiosos pensamientos que la rodeaban, la cubrían  y  absorbían oprimiéndole los sentidos,  deseó en su desesperación tener las livianas alas de plumas de los ángeles para  poder escaparse muy alto y muy lejos en donde no la encontrara.
Entonces tomó una decisión, buscó una de las maletas grande, puso en ella casi toda su ropa, el resto  en un bolso también grande con otras pertenencias suyas, guardó el sobre con el dinero que le había dejado junto a los ahorros que tenían de ambos, pues ella  trabajaba en la recepción de una importante  Compañía Internacional  desde hacía años  y  se fue. Por el momento buscaría un modesto Hotel, ya vería cómo luego se las apañaría, pero puesta en la obligación de elegir, se quedaba con su hijo, ella ya lo amaba  y viviría para él sin arrepentirse.
  
 Texto publicado en EL OJO DEL CÍCLOPE 

jueves, 11 de abril de 2013

TRISTEZA DE SIRENA por BEATRIZ LEIBOVICH



Una sirena muy vieja, ha llegado hasta la playa,
quiere salir de ese mundo, busca ser libre, olvidar.
Tiene un sueño roto, tuvo pasiones muy fuertes,
es el momento o nunca, le hicieron daño,
fue  allá en el Mar Adriático, donde lo conoció,
era el Rey de los Mares, quien de ella se prendó.
Un perverso día, tras de otra se marchó,
una sirena pecosa, nadando se lo llevó.
Se prometió un olvido, renunciar al dolor.
Está perdida, llueve,
sus largos cabellos cubren su arrugado físico.
Pero, hoy saldrá, vino muchas veces,
tratando de buscar las novedades,
salió a la luz, quiere entrar a un lugar de ritmo,
debe probar, pero... no tiene alas ni piernas.
Se convence, no queda otra esperanza,
su piel empezó a secar,
me ve, me saluda, le tiro un beso,
y esta abuela de mar, se fue, se fue.

martes, 9 de abril de 2013

ROJO PUNZÓ por MARÍA ESTER AQUINO

El pabilo de la vela parpadea mientras afuera el viento azota los 

árboles y las paredes de adobe del rancho. Cierra los ojos 


mientras evoca aquel momento. Él no le teme a nada, por ella es 


capaz de enfrentar al mundo y se lo prometió en la penumbra del 


templo donde se encontraban con la complicidad de Tomasa.


       Ya tiene su atadito preparado mientras el zaino espera afuera. 


       El relincho del animal lo sobresalta, seguro es Mercedes que se 


acerca.


 De un salto está afuera y en la oquedad de la noche un certero 


zarpazo le quita la vida.


       Los salones de Encarnación Ezcurra brillan en un baño de 


sangre. Todo es rojo:las cortinas,los sillones de brocato , las flores 


en los jarrones de Limoge y en los pechos de hombres y mujeres 


divisas federales.


      Hoy cumple años la niña Manuelita y están invitadas las 


familias más importantes de Buenos Aires. 


Merceditas llega con sus padres, sus ojos muestran un profundo 


dolor que se confunde con emoción. 


Tomasa es la única que sabe porque sufre su niña. Fue por su bien 


que echó a las brasas del fogón la carta de Esteban. Irse juntos 


muy lejos fue solo una ilusión.


     Mientras transcurre la velada los hombres fuman y con una 


copa en la mano comentan sobre el puma   cebado que anda 


matando animales en los montes cerca del río Salado. 

lunes, 8 de abril de 2013


Ya podés descargar CUENTOS Y VERSOS ROTOS Y ALGUNOS POEMAS PARA ARMAR en formato pdf.
Un libro de Ezequiel Miere
cuentosyversosrotos.blogspot.com

martes, 2 de abril de 2013

CREATIVIDAD por MARÍA CRISTINA ZAMBRUNO


Asoma así porque sí. Tiene aire de doncella y rudeza de albañil. Elige sólo a unos pocos y se mete en sus entrañas apretujando sentidos y liberando hechizos de luces nuevas. La mirada le presta el punto, lo recorre, lo atraviesa, mezcla tintes, inventa colores. Delineando fantasías mágicas, no hay realidad que la oprima.
Juega con los acordes, pilotea en los sonidos, le pide prestado a la lluvia su ritmo. Sube y baja por los hilos de la imaginación y los compases le entregan sus cadencias en melodías. Baila en las alas del viento, diagramando partituras inéditas y dibujadas piruetas. Sube en globos, baja en lluvia y aterriza en silencios.
En una piedra inerte se van tallando detalles y una mano con luces va descubriendo una vida nueva. Trozos amorfos, metales oxidados, se van perdiendo en las sombras.
A veces son palabras. A veces son ideas encadenadas, que se iluminan y escapa una rima o una metáfora que se empecina… el sol se convierte en frío y la luna toma calor de estío.
El malo ya no es villano, quizás un héroe o un enano. Todo pasa y se convierte, ELLA lo colorea, le da brillo, le da estela con libertad de libélula.
Toma la arcilla quejosa y la moldea con ojos de lentejuela, con voces de arrabales y vuelos de mil zorzales. Y así picoteando engarza pasiones y pule ilusiones.
Sra. CREATIVIDAD camine por las cornisas de la conciencia, nade en la sangre de los científicos, encienda las luces de los políticos ¡!!
Diviértase, vuele, vuele y cree; su INTELIGENCIA se lo permite, quizás el mundo pueda cambiar cuando su MAGIA lo envuelva y… quizás DESPIERTE.

Texto publicado en EL OJO DEL CÍCLOPE


lunes, 1 de abril de 2013

EL LADO OCULTO por IVÁN VILLARROEL



Estoy nublado, no sé cómo hacer salir de mi boca las cosas que quiero decir.
No me gusta sentirme de esta manera, pero hay situaciones que no sé cómo resolver. Son como problemas matemáticos que odiaba solucionar pero los tenía que hacer.
Hay cosas de las cuales no se puede escapar. Tanto ruido no me deja pensar y el silencio me adentra al encuentro de quien soy y quiero ser. Quizás el silencio y la concentración me muestren otros caminos por los cuales habré de transitar, me llegue a emocionar y conmover tanto de alegría, que pueda brindar una cosa distinta a la que estoy dando y pueda llorar de regocijo y ver el lado de mi ser que se esconde en mi interior.

 Texto publicado en EL OJO DEL CÍCLOPE

domingo, 24 de marzo de 2013

EN OTRO TIEMPO por OLGA VALDEZ


Colecciono polvo, palabras atascadas,
trozos de imágenes que dejan huellas.
Dibujo fracciones de un instante
en danza trémula.
Al otro lado del tiempo
golpea en mi memoria el sabor a la lluvia
y mi cuerpo frágil resplandece ausencia.
Amanece y queda el perfume de violetas
y una brisa encadenada envejece en nuevas sensaciones
convertidas en cenizas.

Poesía publicada en EL OJO DEL CÍCLOPE

miércoles, 20 de marzo de 2013

CON VARIOS PARES DE OJOS por PATRICIA TORRES




Tener un hijo, escribir un libro y plantar un árbol, no siempre alcanza, por eso, a veces falta tener un árbol, plantar un libro, escribir un hijo.
Si fuese costurera hilvanaría mis palabras, les colocaría botones, les cosería lentejuelas  y les haría dobladillos, sabría cortarlas al bies, ponerles cierres, zurcirlas, bordarlas en la solapa y pespuntearlas para terminarlas en forma prolija. No conozco el oficio, escribí cosas que otras palabras no pueden remendar.
Comencé diciendo: El sol se pintó de verde y caminó sobre la línea que separa los cielos de la tierra. Usó al horizonte como cuerda floja y dejó que pase el día mientras se dedicó a ser equilibrista. Un loro parlanchín escondido entre el follaje le gritaba obscenidades, el sol en su deseo de alabanza las creyó un piropo. El mundo entero se confundió  y se paralizó ante semejante acto. El sol, que miraba con sus propios ojos creyó que le rendían pleitesía.
La idea se esparció y quedó inconclusa,  entonces comencé a desarrollar  otra que exponía: Una mujer tendida sobre su cama lloraba sin consuelo mientras otra le decía:” En estos tiempos ya nadie muere de amor, las mujeres no se desmayan porque el corsé no les quita el aire, ni se sonrojan por sentirse observadas,  un amor borra al anterior porque es saludable que así sea y la inmortalidad sólo le pertenece a los dioses que son sepultados en tumbas que se visitan cuando se visita el museo. Tampoco supe cómo continuar la idea.

Seguí buscando, siempre buscando, entre la gente, entre los lápices y las notas, entre las arvejas y las plumas de la almoada. Buscando la h que se escapó de mi almohada  y la h que Beatriz no encuentra en orfandad y que es lo único que le sobra al huérfano.
Buscando a pesar de todo y por lo que vendrá, mirando de reojo lo que ya se fue y corriendo para no volver atrás. Revolviendo las ideas para encontrar algo distinto, disfrutando de un vino, prendiendo otro cigarrillo, recordándote para olvidarte de nuevo y seguir hurgando en textos viejos para plagiarme, sin encontrar nada. ¡Con tanto por decir! No encontrar nada, o no encontrar cómo.
Es casi una herejía que induce a encender la hoguera que se alimentaba con brujas, entonces  recuerdo las brujas conocidas, las que curan el empacho, las que  dueñas del futuro acarician la esfera de cristal, las que se dedican a inventar historias y como una cosa lleva a la otra, vuelvo a la h que está al principio de hermano y a la l de lejos y a algún embrujo que pudo haber provocado dichas cosas.
Una vez conocí a un hombre  amigo de Sigmund  que tenía otra mirada, seguramente, él, me diría alguna cosa sobre el inconsciente y que en este texto, el preámbulo sólo es el camino, que mediante la palabra se llega a donde se quiere llegar y que si tanto me empeciné con la costura, tome una aguja, un hilo negro y cosa: embrujo, hermano, lejos y que sin lentejuelas ni canutillos, termine mi prenda.

Texto publicado en EL OJO DEL CÍCLOPE

martes, 19 de marzo de 2013

¿VANOS? por SILVIA BALBUENA



La vida…
Y la vida pasa. Y atrapamos instantes. Y soñamos otros nuevos, o los mismos repetidos. Y nos aferramos a tablas que a veces nos parecen seguras y a veces resultan de algodón.
Nos ensimismamos o salimos a vociferar. Callamos o gritamos. Decimos plegarias o nos enfurecemos.
La vida... 
Y mientras la vida pasa nos seguimos jugando, por lo que creemos y lo que sentimos, por las pasiones y los deseos, por las convicciones y las ideas, por las sensaciones y los sentimientos.
Y ahí están. Las sensaciones y los sentimientos. Nada que la razón pueda gobernar. Nada que el alma no pueda sentir. Nada que se escape de la piel y del corazón. Nada que venga de afuera, que nos digan, que nos manifiesten, que nos aconsejen.
Las sensaciones y los sentimientos. Que brotan porque sí. Que nos dominan y nos hacen débiles. Que nos invaden y nos hacen fuertes. Y eso que sentimos, que vive en nosotros, que a veces no es lógico ni racional, que a veces es vital y confortable, que a veces nos hace sufrir o penar. Que nos mantienen vivos. ¿Pueden ser vanos? ¿Inútiles, vacíos, intrascendentes? ¿frívolos, ineficaces, superficiales, estériles? ¿imaginarios?
Seguro que no.
 Las sensaciones y los sentimientos nos pertenecen, se ahuecan en nuestro ser, estallan en nuestros sentidos, se derraman en nuestras lágrimas, se contienen en nuestras células, se adosan a nuestra piel, emergen de nuestra mente. Se enseñorean en nuestra alma, se tornan bullentes en nuestra copa. Se ensoberbecen en nuestros latidos.
Y así el amor, el entusiasmo, la alegría, la tristeza, las pasiones, los deseos, los aleteos de mariposas, los urgueteos de los escarabajos, las desazones, las ansiedades, nos pertenecen, nos estallan, nos mandonean… Dejémoslos brotar. Para eso somos. Para vivir, palpitar, soñar. Para eso somos, para ser y para estar. Para eso somos, para sentir…
La vida nos lleva y nos trae. Nos llena de cosas y nos vacía. Nos aturde con sus sonidos intensos y con sus silencios. Nos ilumina con sus fulgores y  nos invisibiliza con sus opacidades. Nos da vista de lince para observar y cegueras para ocultar. Nos llena la boca de gritos y de angustias silenciosas, de risas y de llantos, de palabras bellas y de las feas.

domingo, 17 de marzo de 2013

EDÉN por LILIANA SOSA


Desde la reja señorial se extiende un camino que se bifurca en tres brazos, en piedras pulidas, pequeñas y parejas delineadas por laureles en flor, mahonias y esquimias.
            Salpicados de arvejillas ligustros de alheña contienen el alambrado que rodea la
periferia.
            En el centro del jardín se destaca una fuente de agua rodeada de bancos de cemento y parcelas de lavanda, lirios y gerberas.
            Pequeños grupos de rododendros, dodoneas y azareros se diseminan por todos lados en plena floración.
            En una especie de glorieta al final de uno de los caminos trepan bungavillas y glicinas protegiendo con su sombra un cantero de pensamientos, conejitos de colores y frágiles amapolas.
Es mi paraíso privado. En las mañanas gozo caminar descalza por la gramilla mojada y asomarme a la verja para ver el camino de tierra del otro lado del ligustro.
Suelo esperar al gato que se cuela por un hueco del tejido y luego se adormece
bajo el sol cerca de mí, acunado por el trino de cientos de pájaros  anidando en las ramas
de eucaliptos, acacias, ficus y palos borrachos que desprenden sus algodones y se    
enredan en mi pelo.
Una mariposa solitaria cruza la reja y yo la sigo embelesada, me detengo cuando cruzo el portal de entrada a leer un cartel que dice “jardín del descanso final” en letras doradas.
Sin entender nada vuelvo sobre mis pasos desconcertada, traspaso la reja cerrada, miro mis manos de espumas y sólo entonces veo desdibujadas por mis lágrimas las cruces blancas entre las flores y las plantas. Me quedo inmóvil en el centro del jardín, se mece con el viento mi mortaja y me desgrano hasta desaparecer.

Texto publicado en EL OJO DEL CÍCLOPE 

domingo, 24 de febrero de 2013

EL TESORO por RAQUEL MATUZ PEÑA



Lo moja la lluvia, lo despeina el viento
Chapoteando en charcos, rescatando estrellas
de barro se ensucian sus zapatos nuevos.

En su blusa blanca de pura tafeta
el niño al descuido se limpia las manos
La madre se enoja, a mi me hace gracia.

En medio del patio, dentro del aljibe
se cayó la luna. ¡Tamaño percance!
Con un balde viejo y una cuerda larga
cual si fuera un mago, la saca del pozo.

Para que no escape y no tenga frío
con una frazada de flores azules
y un par de nubes que bajó del cielo
de noche la cubre.

Con sus zapatos sucios, su pelo revuelto
Con la cara roja y su balde viejo
Recorre las calles, recorre las plazas
La gente lo mira, lo mira y le dice:
- Niño, no seas tonto, tira ese balde roto,
Él se ríe y piensa:
­- ¡Qué tonta la gente no sabe
 que  llevo un TESORO!

Poesía publicada en EL OJO DEL CÍCLOPE


miércoles, 20 de febrero de 2013

COMO EL ESPEJERO por NORMA MANZINI



Como en todos los cuentos de niños, aquel espejero hacía espejos y en ellos se metía y se perdía.
O aquel que se metía en un ropero y aparecía en el lugar del no sé dónde.
Yo me meto en mi imaginación y me pierdo en olvidos y en presentes, todo mezclado.
O aquél que inventaba países que venían del más allá y se perdían en el más acá.
Así es el recuerdo, la remembranza, las ilusiones y los olvidos, vienen y van, pero nunca se sabe a donde o de donde.
Todo se mezcla, y sin embargo conservan cada uno su individualidad. Todo revuelto pero desenredado, no como los hilos que al atarse a veces no se desatan más.
Así se hace a veces la vida que se esconde, te encuentra y te hace perder en sus vericuetos.
Y entonces a veces también salimos del espejo y no encontramos el lugar en donde estamos.
                                         
 Texto publicado en "EL OJO DEL CÍCLOPE"

jueves, 14 de febrero de 2013

CAMBIOS por BEATRIZ LEIBOVICH


Tomando mates  en el ocaso del día, pensó,
saldrá de paseo por los alrededores del pueblo,
cuidando de no alejarse demasiado.
Un silbido del tren que se acercaba,
y llegaban hombres con ojos alegres,
embriagados de recuerdos de sus trabajos, y se van.
Son orgullosos, de gran fortaleza.
Su corazón se pone a soñar, en esa estación sonora.
Recibe en su cabeza un mensaje de paz.
Baja una escalera, entra en un parque, mira y vuelve a mirar.
Era una maravilla lo que sus ojos veían.
Ya florecían las madrugadoras rosas, era invierno.
Prolongó su estadía.  Se dirigió a ver esa flor, azul distinta,
y... de pronto ella le habló:
Yo soy la flor de tus paseos, seré  tu sombra y tu guía,
ahora que los árboles se visten de blanco,
también cuando las glorietas se vistan de colores.
Embriaguez de luz, música y sueño, luna de plata, luminosa.
Ninfas y musas aparecen sin parar.
Pero ya despierta del sueño. Cambio de cuadro.
Ya no hay nada, todo cambió.
La noche nació oscura, volvió al sendero, subió la escalerita,
y se perdió en el pueblo.
Sueño y realidad, son antagónicas, pero siempre existirán.

  Poesía publicada en "EL OJO DEL CÍCLOPE"                                                     

lunes, 11 de febrero de 2013

LA CAJA por LILIANA LAPETINA


Abriste la caja.
Ahí estaba
tu pasión destruida
atravesada por la ira ciega,
por lo impetuoso, lo irrefrenable.
Por el tiempo que avanzó sin piedad,
sin respetar tu angustia, tu dolor.
Por años cerrada,
acumuló la música que ya no sonó
para el mundo…
Y nota a nota apelmazada
chorreó en un líquido dulce, suave
que humedeció tus dedos al tocarla,
que de pronto comenzaron a moverse
sobre un teclado invisible.
El aire comenzó a vibrar,
el líquido a evaporar todas sus notas.
Recuperaste la pasión sin ira,
con amor…
Y la música echó a volar.

Poesía publicada en "EL OJO DEL CÍCLOPE"

sábado, 9 de febrero de 2013

LA VEJEZ Y EL SILENCIO por MARÍA ELENA FUSTER


                                                                                                                                                      
            A veces, el silencio nos intimida con la maraña de pensamientos que habitan en nuestro cerebro y son torbellinos que aparecen y con ellos la angustia del paso del tiempo pero, si nos ponemos a reflexionar y vemos las cosas desde otro horizonte, con otros ojos o con otra mirada, puede parecernos sorprendente lo que vemos y sentimos dentro de nuestro ser, algo que, por más pequeño que sea se mueve y uno comprende que las cosas van cambiando pero, no son las cosas que cambian, somos nosotros mismos que poco a poco vamos avanzando por ese largo camino que aún nos falta recorrer. 
           ¡Ah, el silencio! Qué intenso puede resultar cuando entre palabras dichas así nomás, lo que más pesa es lo que no se ha dicho, aquello que ha sido conjurado por una alusión, una diagonal de nada, un punto final, donde no sobran ni son necesarias más palabras elegidas.
           Donde lo extraño y el abismo aparecen de la manera menos  pensada, tener la sensación de haber llegado irremediablemente tarde entre el cansancio del deseo y el vitalismo de la prosa. A veces, la vejez se ve a la distancia con otra mirada, como una jaula en la que sólo el deseo permanece joven y se repite una y otra vez la idea de que el tiempo pasado nos extraña y no es verdad. El tiempo enajena y la vejez - a la distancia - es siniestra.
          Más bien regresar es lo que se desea, desandar el camino de regreso a casa, como una meticulosa tejedora que desenreda una madeja de lana envuelta en una maraña, sin pensar que el camino de regreso a una tierra del pasado, el mismo tiempo la ha hecho ilusoria y fantástica, que tal vez nos brinde un cierto ardor incandescente en el corazón pero, no más que eso porque...
         Desandar es deshacer, es negar el camino de ida. Qué bello y armonioso puede llegar a ser el camino por más corto o largo que sea subiendo peldaño a peldaño hacia lo alto, donde la vejez no pesa, y se recorre a pie gozando lentamente, como si fuesen capas superpuestas, cálidas e hipnóticas, que a modo de brujería misteriosa nos son develadas como una pintura encantada, como un gran misterio escondido en un paraíso de formas y colores alucinógenos. Oír los sonidos que ascienden leves y coordinados y nos parece una voz a través de la cual se puede pensar la realidad,  reconocer las emociones y las tensiones secretas de las personas, entender el "por qué" y el "cómo" de las cosas con el mismo deslumbramiento de quien las está viendo por primera vez.
        Entonces, la vejez - a la distancia - se verá con otra mirada, esa mirada deslumbrada que nos hace sentir que hemos alcanzado la libertad absoluta de nuestro espíritu donde el recorrido que nos espera es el de ver, hablar, sentir y obrar de forma absolutamente emancipada y desde allí en más, ¡Con la mirada puesta en el punto final, luminoso, del camino que tarde o temprano deberemos recorrer!

 Texto publicado en "EL OJO DEL CÍCLOPE"


miércoles, 6 de febrero de 2013

FIESTA por BEATRIZ LEIBOVICH



Brillaba una estrella, traviesa, coqueta,
llena  de collares  que un día compró,
a un cometa viejo que por ahí pasó.
Envidian su moda las otras estrellas,
porque no lucen nada para el gran salón.
La fiesta del cielo se armó en poco tiempo,
se invitó a las rocas, a la basura cósmica,
y a un gran, gran avión.
Los satélites forman una orquesta con platillos,
bombos y todo en canción.
Venus es la cantante, tiene melodías, ella las creó.
Suenan a sirenas, al pasar dos veces,
sobre el Mar Caribe, allí las copió.
Todos los planetas hablan, comen,  ríen,
pero ¿ qué pasó?,
el planeta Saturno, no entra por la puerta,
 sus anillos densos, duros, ¡no se puede!
¡qué desilusión!
Pero no importa ya vendrá la Luna,
bailaran la danza fuera del salón.
Baile de los cielos, azules, alegres,
solo falta alguien, ya vendrá,
  Y es Dios.

Colección “Cuentos para niños”
        Beatriz Leibovich

lunes, 4 de febrero de 2013

WARMI SAYAJSUNGO por OLGA VALDEZ





Warmi Sayajsungo

Rosario Andrada de Quispe tiene 53 años y es colla.
Para encontrarla deberá viajar muchas horas hasta San Salvador de Jujuy, seis horas más en un colectivo lechero y luego caminar 5 km bajo el sol penetrante de la Puna.
El periodista se pregunta si valdrá la pena tanto sacrificio. Consulta varias veces cuánto falta  y la respuesta es siempre la misma: - El lugar de la Quispe esta ahisito nomá”.
Culmina el largo viaje y ahí parada en la soledad puneña con el sol asomando altivo entre los cerros una mujer espera.
De negros cabellos, la piel curtida por el viento y el sol, las manos ajadas de años de trabajo. Sencilla, silenciosa, de mirada firme y cautelosa.
Cobijaron sus primeros años ese pequeño poblado de casas de adobe y techos de cinc, la vieja estación de tres y la iglesia abandonada de Puesto del Marques.
Conoció el hambre, el pastoreo de las cabras, trabajó de sirvienta en la ciudad pero… la tierra tira y decidiò volver a sus cerros.
Creció con firmes valores que le enseñaron sus abuelos maternos.
El periodista escucha en silencio su relato no sin dejar de mirar alrededor. Dispara la pregunta: -¿Y dónde se inició este sueño? ¿Cuándo?
Allá en una habitación pequeña de paredes de adobe, en la soledad de los cerros, allá donde el viento silva con un susurro suave y penetrante, donde las tolas adornan el paisaje.
Corría el año 90 y mientras el presidente Menem afirmaba que Argentina era un país del primer mundo muchos morían de hambre en la Puna.
Ahi a 4000 m de altura comenzó a gestarse un sueño. Mujeres que contaban las mismas penas fortalecieron una esperanza. Esa esperanza, ese sueño lo llamaron Warmi Sayajsungo que en quechua significa “mujeres perseverantes” organizando un sistema de microcréditos para que la gente pudiera tener su propia empresa sin irse para buscar otros caminos.
El periodista mira cerros, tolas, caminos pedregosos y soledad y se pregunta cómo hace quince años Rosario logró lo que nadie.
El viento sopla, el sombrero vuela, corre tras de él que no quiere detenerse y mágicamente queda al pie de la primera Universidad en la Puna.
Los ojos del periodista miran a Rosario que con una sonrisa dibujada en su rostro le dice:
-Un sueño hecho realidad para que los hijos de la Puna tengan donde estudiar.
Tira la larga trenza hacia atrás.
Culmina la entrevista. El sol se pierde entre los cerros, el viento comienza a soplar frío, los cactus mudos espectadores del paisaje adornan con sus flores amarillas, ya las sombras se dibujan en el camino pedregoso.
Hay que emprender el regreso. Las bajas casas de adobe encienden sus luces y allí en la soledad de la Puna jujeña una mujer de ideas firmes se despide.
Allí donde parece que el mundo termina una mujer logró su objetivo.
Valió la pena recorrer tantos kilómetros.

jueves, 31 de enero de 2013

AGRADABLE SENSACIÓN DE UN LADO Y DEL OTRO por LEONOR CIERI



Desperté, oliendo todavía a tierra mojada, fruto de la lluvia caída en ese sueño asombroso que tuve durante la noche.
Me levanté y corrí la cortina de la ventana que dio paso a un sol que comenzaba a calentar, me sentía muy bien recordando el sueño en el que muy niña y con un gorro rojo andaba en bicicleta (la realidad es que nunca aprendí).
Pedaleaba muy contenta mientras sentía la garúa en mi rostro lavándome los ojos y haciéndome ver mejor ese paisaje tan lindo que estaba recorriendo.
De pronto una piedra traviesa se interpuso en mi camino, la rueda de la bicicleta tropezó con ella y caí golpeando mi cabeza en el suelo.
Sentí dolor, pero el sol tibiecito que estaba asomando secaba mi cara mojada por la llovizna.
Olvidé el dolor, subí a la bicicleta y comencé a andar, respirando ese aire y ese sol que me brindaban tanto placer.
Dejo el sueño, sigo con el despertar y comienzo el día. Salgo a caminar y siento el mismo gozo que en el sueño. Disfruto del paisaje que huele a tierra mojada, no por la lluvia, sino por el riego de sus dueños.
El sol acaricia mi rostro, cierro un momento mis ojos y recuerdo el sueño, olor a tierra mojada y el sol brindándome su tibieza.
Por eso, de este lado del sueño y del otro lado de la realidad fue lo mismo, gozar interiormente de las cosas bonitas de la vida.
¡Agradable sensación de un lado y del otro!

                        
 Publicado en EL OJO DEL CÍCLOPE

miércoles, 16 de enero de 2013

REJAS por MARÍA ESTER AQUINO


                                         

Al principio fue el gozo
la dulce compañía.
Cómplices del aire y de la luz
de las voces y la música.
Te regalaba mi alegría al despertar,
esperaba ansioso tu regreso.
Traté de aceptar mi destino
de engañoso amor.
Las rejas maniataban mis alas
y el sabor de la traición
frenaba mis sueños.
La puerta entreabierta incitaba mis ganas.
Con alas trémulas crucé el muro
el miedo apretando mi garganta.
El aire era más puro, la luz más brillante,
las voces, cristales sonoros de vibrante libertad.  

 Poesía publicada en "EL OJO DEL CÍCLOPE"