domingo 11 de marzo de 2012

GENEROSIDAD por GRACIELA RODRIGUEZ



Tal vez vuelva a verte caminando por la calle, envuelta en tu chal azul
Sin importarte lo que pensara el resto de los mortales de tu apariencia...
y allí estaba tu encanto.
Regalabas tu risa a quien quisiera disfrutarla sin importarte quien fuera.
mostrando tus dientes rotos y separados, tu pelo desalineado y sucio
sin hacer nada por disimularlo.
Eras incapaz de hacer daño porque esa palabra no estaba en tu vocabulario
en tus manos ajadas solo cabía la ternura, el amor
y el cariño como consecuencia de ambos.
Aprendí con solo mirarte que la risa es un arte que no todos practican
que no hace falta pincel, ni lápices de colores,
para realizar el cuadro más bello.
No voy a buscarte, porque tal vez te encuentre mientras camino
o mientras me recuesto sobre el pasto con el sol besando mi frente
disfrutando solo con respirar.
O tal vez el viento halla venido a buscarte para llevarte con aquellos
que nunca conocieron la alegría y te convierta en suave brisa
que refresque la monotonía de sus vidas.

sábado 10 de marzo de 2012

SOMBRAS EN MI RÍO por SILVIA BALBUENA

Sombras en mi río

(…de visiones y sentimientos…)

Domingo. Atardecer agobiante de calor, no muy típico en el marzo incipiente rosarino. Cargué el equipo de mate y me fui a La Rambla Cataluña, ese balneario populachero junto a mi Paraná en la zona Norte, lindante con La Florida. Balneario ecléctico si los hay, con playas de arena, río con fondo barroso, barrancas de césped, escalones por doquier, playa seca de piedras y cemento, palos borrachos, bancos de plaza.

Gente, gente, gente… De todas las edades y todas las condiciones sociales, buscando una brisa de frescura junto a las aguas del río marrón.

Acá, cerquita de mí, mates, algunas facturas, algunos sándwiches, pelotas, chicos corriendo, perros jugueteando con sus dueños. Máquinas fotográficas rescatando esos momentos en familia, con amigos, junto a un paisaje repetido pero siempre atractivo. Parejitas con arrumacos, ancianos con su andar cansino recorriendo la playa.

A unos pocos metros, una banda ejecuta algunas piezas de rock aplaudida por algunos jóvenes entusiastas.

Una sonrisa se me escapó. Las embarcaciones que retornaban: kayaks, botes, veleros, lanchas, yates, al principio iluminadas por el atardecer, eran cada vez más sólo una estela con una lucecita de color. Cientos de ellas transportaban su cansancio del día, sus soles, sus deseos, su apuro por llegar, su disfrute del río eterno, inmenso, bañado por alegrías y tristezas. Eran el dinamismo, la repetida estela de un andar, el infinito sueño de ser…Enormes barcos cerealeros en un constante ida y vuelta las hacían más pequeñas, más nuestras, más osadas, casi puntitos de una irrealidad.

Junto a las embarcaciones cabalgando en las aguas y las brisas cada vez más frescas provenientes del río, iban llegando las sombras. El cielo se fue poniendo acero, la luna, casi en luna llena, fue intensificando su luz haciéndose cada vez más potente, para bruñir las aguas oscuras transformándolas en un río plateado, donde las ondulaciones de su suave oleaje eran susurros de un encantamiento al hacerse de bordes brillantes y profundidades negras. Las primeras estrellas, audaces, inmensas, brillantes, titilantes, aparecieron, de a una, hasta que en simultáneo, como venciendo sus timideces, se colgaron en el cielo miles de las pequeñas, lejanas, infinitas, casi imperceptibles en sus parpadeos. En la oscuridad, el brillo de la luna, que parecía crepitar en sus rayos, duplicándose en el agua, era la imagen de la luz venciendo para siempre a las sombras.

Era como si mis propias sombras y mis propias soledades, también se vencieran en la magia de ese anochecer. Y su imagen querida me acompañó, sus brazos me rodearon, su mirada azul iluminó mi mueca amarga, su aliento acompañó mi suspiro, sus pasos siguieron mis huellas en la arena…

Y todo fue una síntesis. Mis sueños y el paisaje, mis ternuras y el río, mis ilusiones y el plateado. Pero también una antítesis. De lo deseado y no tenido, de lo amado y perdido, de la belleza del paisaje y la angustia de mi alma, de lo que va y viene y de lo que me permanece. De los recuerdos y los olvidos. De lo que sostengo y lo que se me escurre entre los dedos. De vos y de mí…

lunes 5 de marzo de 2012

EL ÁRBOL DE NAVIDAD por LILIANA LAPETINA



Faltan pocos minutos para que suenen las campanas de Noche Buena. Todas las casas están iluminadas con lucecitas tintineantes, así como el cielo de luna y estrellas.
Su árbol navideño es realmente hermoso, grande, lleno de adornos. ¿Qué encontraría debajo de él? Quizás el auto con un pequeño motor que se parece tanto a los de verdad, o el equipo de fútbol, de Central, por supuesto!Sus hermanitas querían esas muñecas que hablan y caminan. Seguro que mamá les daría el gusto.
Su papá llenó la mesa de cosas ricas, turrones, higos, pan dulce, budines…
Pronto bridarían junto a los abuelos, tíos y primos.
Siempre le gustaron estas fiestas, todos reunidos en torno al árbol.
De pronto, una mano pesada se deposita en su hombro, un policía lo saca del frente de la vidriera donde está ese luminoso árbol y le dice que se vaya a su casa, que es muy tarde.
Sí, ya es muy tarde. En su mochilita lleva un pan dulce, que le regaló una señora, y en la Iglesia le dieron dos muñecas rubias y una pelota de plástico.
¡Y bueno! A lo mejor su papá encendió esas lucecitas que encontró tiradas y su mamá siempre se las ingenia para hacer una rica comida.
El árbol será para el año próximo, por ahora, al menos estarán juntos

viernes 2 de marzo de 2012

MIRADAS ERRANTES por EDEL SGUAZZINI


Y en este vacío de no ser yo,
de jugar un juego de malentendidos
y siempre salir perdiendo,
te distraigo

Y en esta multitud de incoherencias,
de buscar miradas errantes,
de entrar a la oscuridad y salir ileso
te confieso:

Que mi deseo de verte o de no verte
es más fuerte
que mil toros furiosos
corriendo por la ciudad.

Te atrapo, pero no entiendo
cual es, en definitiva, el objeto
y te vuelves a ir.

miércoles 29 de febrero de 2012

PEQUEÑA CASA por DELFINA SUÁREZ

  
 Comienzo a disfrutar las rosas del jardín de mi pequeña casa. A

mi izquierda veo un pequeño pimpollo blanco en el cual me reflejo.  


Luego una rosa entreabierta que marcó el camino de mi adultez, 

roja aterciopelada, erguida, avasallante, sus hojas son brillantes 


por la fuerza de su juventud. Observo la siguiente: el tallo que la 


sostiene está levemente doblado, sus pétalos naturales ya 


amarronados parecían desteñidos por el paso de los años. La


acaricio con mi mano y vuelvo los ojos a la rosa roja, me detengo y


recuerdo a qué edad desaté las correas de mis sandalias, 


enfrenté la vida por mí misma, con ella se fueron los miedos, los 


prejuicios, el que dirán, los aciertos y los errores. Viví los amores 


románticos, los apasionados y hasta alguno conflictivo pero salí 


airosa de todos ellos. Di las gracias a todas las "ella" que me 


acompañaron a vivir. Corte la rosa roja y le dije: ahora en esta hora 


inocente yo la que fui nos sentamos en el umbral de mi mirada 


juntas nos mecemos en el sillón de la galería que da al jardín. 


Compartimos el mate y el aroma sutil de su perfume que no es más


 que de mi propia vida.

domingo 26 de febrero de 2012

SIN PALABRAS por MARÍA ESTER MEZA


  Contestáme, siempre igual vos. No tenés argumento, por eso no podés.

Y esa mirada huidiza que me pone tan nerviosa. Nunca fuiste un hombre resuelto, no tenés personalidad. Tenía razón mi madre, por qué me casé con vos?, tal vez porque tenías un futuro promisorio, un título universitario que nunca supiste aprovechar. Tus colegas sí que han triunfado, viajes, fortuna, un lugar importante en la sociedad. Sus mujeres gastan el dinero en cirugías y ropa de marcas famosas. En cambio yo apenas "las lolas" me pude hacer. Está bien, no me hace falta mucho, sigo siendo hermosa y fresca como una adolescente. Para qué, si no lo ves, siempre en tu mundo mediocre.

 Decí algo, por lo menos demostrame que me prestas atención. De que te reís?, si te vieras con esa máscara y lleno de tubos!. Ya vas a ver cuando vuelvas a casa...

  Ya me voy enfermera.

jueves 23 de febrero de 2012

TORMENTA por OLGA VALDÉZ



Ya no estás...
un rincón vacío me devuelve tu ausencia.
El viento sediento de entrañas
dobló tu hidalguía,
quebró tu entereza.
Convierto mis lágrimas
en gotas de rocío
para que bañen tus raíces,
te devuelvo la fortaleza
que esa noche perdiste.

Ya no estás...
La lluvia mojó tus raíces
para desprenderte del suelo.
La pared musgosa
ya no dibuja tu sombra.
No se escuchan las risas
que guardaban secretos.
No cobija tu sombra
mi figura bañada de plata.
Cae el sol, se apagan las sombras.
La noche llega guardando recuerdos.
Ya no estás
árbol de mi patio
pero ni el viento ni la lluvia
podrán llevarse tu recuerdo.

lunes 20 de febrero de 2012

MICRORELATO I por GRACIELA ZECCA


Miles de arañas circundaban los jardines, ahora convertidas en una gigante telaraña. Seguramente ella había tomado el sendero equivocado dentro del laberinto. Al abrir la puerta roja esa imagen fatídica se le presentó ante sus ojos.
Si al menos recordara como enlazar hilos de seda con la aguja de su prendedor, tejer su propia tela y exterminar esos arácnidos ahorcados en su baba.
Otra vez el dolor de cabeza no la dejó pensar claro. Cerró la puerta roja y tomó el sendero que la conducía a la de color azul. Esperaba encontrar algo más agradable al abrirla.

Texto publicado en "De`puertas y ventanas"

domingo 19 de febrero de 2012

PAISAJE por GRACIELA RODRÍGUEZ


La lluvia había cesado. Las últimas gotas se dejaban caer pesadas.
Un pájaro mojaba su pico en un pequeño charco y bañaba sus alas
como si supiera que el agua de lluvia lo embellecería aún más.
El viento iniciaba su tarea de barrer las hojas,
y las nubes oscuras se corrían de lugar para dar paso a la claridad
Un anciano cerraba su paraguas porque ya no le era necesario.
El mal tiempo ya comenzaba a ser un recuerdo.

sábado 18 de febrero de 2012

SIEMPRE LA ISLA por ROSA GÁLVEZ





                                                    Siempre la isla
                                                             A mi admirada Alejandra

                                              Nunca tan aislada,
                                              bañada de olvidos
                                              Y de placeres no cumplidos.

                                              ¿Porqué tan sola,
                                              estando tan acompañada?
                                              La brisa, ¿no está presente,
                                              acariciando las nubes sonrojadas,
                                              que pronto serán tempestades?
                                              Y el rugir de las olas,
                                             ¿no le da la música
                                              que su entristecida alma
                                              necesita para cumplir
                                              el requisito ineludible
                                              que pide Natura?

                                              Da igual, los seres incoherentes
                                              que la habitan,
                                              tendrán que dormitar tranquilos,
                                              esperando la aurora complaciente.

                                              ¡Cuántos soñaron con ella !
                                              ¡Cuántos soñaron poseerla !


                                              Y yo que la tengo,
                                              no la apetezco,
                                              la ignoro, la margino,
                                              porque no me llena,
                                              no retoca mi pasado,
                                              aunque pinta mi futuro.
                                              no alimenta mi ego,
                                              ya de por sí, deprimido.
                                              Muestra mis falencias,
                                              evidentes en tanta soledad.
                                              Fastidia mi prisa,
                                              se entromete en mi calma.
                                              Recoge mis pedazos,
                                              esparcidos por la rutina.

                                              Y, cuando ya cansada,
                                              deseo asirla de la mano,
                                              huye la isla,
                                              queriendo permanecer desterrada.
                                                                                                

jueves 16 de febrero de 2012

ISLA FLOTANTE por MARÍA ELENA FUSTER



Hoy martes, 10 - 01 - 2012 - 40° grados, a la sombra, diecisiete horas.
Después de hacer varias diligencias, (entre ellas, visita al médico a las quince horas) cansada, dolorida, hastiada de trasladarme de un lado al otro, con la mente obnubilada por el calor insoportable reinante en estos días de enero, traspasando la puerta de salida del último negocio en el que me encontraba, desmemoriada, irritada conmigo misma por el estrés que me provocaba el no poder regular mi cuerpo que con tan alta temperatura ambiente hacía que no fuera dueña de mi misma, me sentía sucia, transpirada, con los pelos pegoteados en la cabeza y con la desesperanza en mi alma de no poder llegar a mi casa salvadora hasta pasar un buen rato largo más; Por eso, al levantar con desgano la vista, mis ojos tropezaron con un gran letrero donde (me pareció que alguien bondadoso lo había colocado allí para auxiliarme en semejante trance) se leía "Trinidad" - "Helados Artesanales" pero, la palabra que más me impactó fue; ¡Helados!.....
Verlo y cruzar el Boulevard fue todo un acto de arrojo, tratar de esquivar los coches que a mi derecha e izquierda pasaban junto a mí como una exhalación, apurados por ganarle al termómetro que a esa hora ya era insoportable y entonces, en un momento de simple cordura dudé; ¡Si no serían ellos los que evitaban rozarme y levantarme por el aire de ésa cinta de asfalto incendiada por el fuego de un sol implacable, como si fuese un muñeco de trapo que alguien hubiese tirado en plena carretera inconcientemente! pero, gracias a mis Arcángeles, que siempre me acompañan y gracias a los cuales (están resignados a que algún susto siempre les doy) llegué sana y salva hacia la vereda de enfrente, aunque, respirando entrecortadamente, mi corazón, golpeteando y ensordeciendo a mi cerebro que a esa altura del caos de mi cuerpo, sólo atinaba a pedir sosiego y una silla donde descansar mi pobre andamiaje humano, a punto de derrumbarse por un vulgar y prosaico "golpe de calor".
Frente a la vidriera tentadora de las ofertas ofrecidas, mis ojos recorrieron las delicias exhibidas, el aire nuevamente entró por mis fosas nasales llenando mis pulmones, sentí que de a poco iba recobrando mi dignidad y nuevamente (gracias al aire acondicionado) erguida y sonriente pedí a la vendedora el más exquisito helado que pudiera ofrecerme.
Cuando mis ojos desorbitados vieron la maravilla aquella, "Isla Flotante" no podía creer que "eso" que me ofrecía la bonita empleada no fuese una escultura de Dalí hecha realidad.
"Sobre una bandeja en forma de flor, hecha con la masa más exquisita que, es la de barquillo, se veía, sobre sus pétalos tentadores el helado más apetecible, colocado en pirámides de distintos colores y sabores, dispuesto de tal manera que, semejaban altos promontorios surcados a los lados por delicias de chocolate, pastillas, nueces y almendras y los riquísimos pistachos de clásico color verde, también, algunas frutillas y guindas, frescas, fragantes y brillosas, todo este paisaje multicolor regado por una catarata de salsa color rosado que suavemente salpicaba la escena de semejante obra de arte" Con lentitud (y sin salir de mi asombro) me ubiqué tranquilamente en una mesa frente al gran ventanal que da hacia el Boulevard Rondeau y me dispuse (con toda parsimonia, como corresponde a una digna y vieja dama) a gozar plenamente, como corresponde, sin ningún remordimiento ni pesar alguno.

martes 14 de febrero de 2012

AMALIA por EDUARDO CAPPELLACCI


Se despertó a las 8:00 hs. Como siempre. Como todos los días desde hacía… hacia mil años. Sin despertador. Cada mañana miraba el viejo reloj sobre la mesa de noche y verificaba la posición de las manecillas indicando indudablemente las 8:00.
Sin embargo, todavía debía esperar más de media hora. Con la suma de años habían llegado la fragilidad, el cansancio y una artrosis dolorosa y persistente. Levantarse era una de las cosas que no podía hacer sola. A las 8:50 entraría Catalina, en edad de estar jubilada pero aún fuerte y dispuesta, que le ayudaría. Catalina debía empezar su jornada a las 9:00, pero siempre llegaba diez minutos antes, quizá mintiendo dedicación al trabajo, quizá como ratificación de la rutina en la vida de la vieja señora.
Con mucho esfuerzo, apoyándose en un codo, levantó su torso y lo giró cuanto pudo sujetada por el dolor de espalda. Con un par de golpes propinados por una mano huesuda en la que era imposible recordar la perdida habilidad para tallar madera, acomodó la almohada y se volvió a acostar.
La mirada acuosa se perdió en el maderamen del techo. Los ojos conservaban el color verde, un poco desteñido pero todavía notable, pero no tenían ni el brillo ni la dureza de tiempos ya pasados. La rugosa frente se ensombreció. El viejo y enjuto rostro, habitualmente duro y seco, adquirió un tinte sombrío que lo empeoró. La reunión comenzaría en algunas horas y ya no podía desentenderse de los pensamientos que habían intentado invadirla durante la larga semana pasada desde que el abogado de la familia confirmó la fecha, la hora y el lugar.
El día que cumplió 80 años, mientras Catalina, Juan y las pequeñas hijas de ambos –los únicos presentes- intentaban parecer alegres, ella por primera vez dudó: acaso también le cabía alguna culpa.
Porque ella fue una buena madre. Si Roberto era tan ambicioso no era culpa de ella; de hecho los otros no lo eran. Si Ricardo hacía cien años que ni siquiera llamaba, era por culpa de la mala suerte que había tenido con Julia.
Las hijas estaban muy ocupadas con sus esposos e hijos. Mario persiguiendo obsesivamente celoso a Nora y Nora coqueteando precisamente para molestar a Mario no tenían tiempo para nadie más. Y Antonio, que buscó nuevos horizontes… siempre tan raro, tan nervioso y quisquilloso…
Siguió con la mirada una veta particularmente oscura de la madera en cuyo centro descubrió una tenue tela de araña y sonrió: ya tenía un tema de conversación cuando entrara Catalina.
No, ella no había sido una mala madre. Aunque sospechaba que tampoco había sido una buena madre. Alguna responsabilidad debía tener. No podía precisarla y, por lo tanto, no debía ser muy importante.
Los deslucidos ojos se posaron en el extravagante aplique en la pared derecha. Le pareció observar polvillo sobre el vidrio esmerilado. Sonrió: más para Catalina.
Por suerte no se podía levantar ni caminar con facilidad. Eso le permitiría quedarse sentada en su lugar y esperar las reacciones de sus hijos. No hablaría. El consejo del abogado era atinado: ellos ya tenían asegurados los años de vida que les quedaban; que los que tenían interés se pelearan entre ellos.
Después de todo, su conciencia estaba tranquila. Había dado todo lo que podía. Y había recibido muy poco.
Dos golpes leves en la puerta, dados mientras el picaporte se accionaba, le indicaron que Catalina llegaba. Olvidó sus preocupaciones y puso su mejor sonrisa mientras recordaba: la tela de araña y el polvillo.

lunes 13 de febrero de 2012

UN CUENTO DE NAVIDAD por SILVIA BALBUENA


Los dos ya habían vivido su vida.
Ella, tal vez el estereotipo de la sesentona de hoy. Una adolescencia sin conflictos, en una sociedad tranquila, en una familia contenedora. Estudió de maestra, trabajó de maestra, se jubiló de maestra. Se casó, formó un hogar tan contenedor y tranquilo como ése en el que había sido criada. Tuvo tres hijos varones, le hubiese gustado tener la parejita pero la vida decidió que no, varones debían ser, tal vez cumpliendo ese designio de que le gustaron los muñecos bebotes, que tuvo un padre que fue su fortaleza y un hermano menor que supo ser su juguete y su compañero Y sí, su vida siempre estuvo al lado de la fuerza de los hombres, buscando inconcientemente a ese macho alfa conductor de la manada.
Él un ecléctico. Hijo de la fusión de inmigrantes, de las mieses y las cosechas, ingeniero, profesor universitario, escritor silvestre. Huérfano de padre desde muy jovencito, contenedor de una mamá luchadora, padre de una mujer. Como si la vida le hubiese pedido la fortaleza del macho.
Dos vidas tranquilas, realizadas, en el ocaso de los sueños, en la tranquilidad de la vejez que se acerca, en los pasos de las seguridades de la jubilación, en la soledad de la viudez. Tratando de introducirse, un poco por snob, otro por necesidad, en el mundo tecnológico y computarizado de hoy. Ella, para poder chatear con su hijo mayor en el exterior. Él para realizar investigaciones históricas que es su pasión. Un poco por casualidad, otro poco porque se usa, comenzaron a usar mails entre amigos. Risueños, musicales, informativos, de personajes, paisajes, de historias y curiosidades. Sólo compañías para horas muertas.
Sus nombres empezaron a cruzarse en las bandejas de amigos comunes con mails comunes. Y un día común, por circunstancias comunes, se transformaron uno en contacto del otro y se cruzaron las mismas intrascendencias que se cruzaban otros.
Pero como la vida tiene vericuetos que los hombres no manejan y tiene razones que la razón no entiende, el contacto empezó a ser más personal. Un texto, muchos textos, una vivencia, muchas vivencias, un sentir, muchos sentires. Dos vidas que habían transitado por valores parecidos, por sensaciones similares, por historias confluyentes, se empezaron a amalgamar. Hasta que sucedió lo inevitable: el encuentro.
Con muchas dudas, con muchos miedos, con expectativas y algunos sueños, decidieron regalarse un encuentro de Navidad. Y sucedió en la pequeña plaza del pequeño pueblo. Un caluroso 23 de diciembre, cuando ya el tintineo de las campanitas se aproximaba y los brindis y los buenos deseos estaban ahí nomás, fue la cita.
El sol se filtraba entre las ramas de los árboles, la gente atravesaba la plaza con paquetes de regalos, los pájaros trinaban enloquecidos en la explosión de vida del verano. Y ahí estaban ellos, con sus años y sus sonrisas, con sus historias y sus nadas. Con los cabellos canos, sus miradas claras ya más opacas, sus temblores por lo desconocido. Se dieron un tímido beso en la mejilla y caminando se fueron al barcito de enfrente a tomar un café. No supieron si estaban solos o había gente, ya que de inmediato entre los dos se formó una burbuja que los contuvo, los unió, los aisló de la historia y de los demás. Charlaron de todo, de lo mismo que ya habían charlado desde un monitor, de nuevas vivencias. Se hicieron confidencias. Sus manos se cruzaron por arriba de la mesa, sus dedos se entrelazaron y se empezaron a acariciar manifestando esa urgencia que sus seres sentían. El tiempo pasó, no saben si fueron horas o minutos, pero propio, compartido, latido como hacía mucho que ninguno de los dos sentía.
Tenían que separarse, cada uno debía cumplir con sus compromisos. Retornaron a la plaza a buscar sus autos.
El beso de despedida ya no fue tímido. Sin importarles el lugar, la mirada de los curiosos, sus años en sus cuerpos rollizos, se abrazaron, se sintieron, con intensidad, con la fuerza de un torrente, con la algarabía de un encuentro, con la urgencia que hacía mucho no sentían. Sabían que en el brindis de la próxima noche, iban a hacer chin chin uno por el otro a pesar de las distancias y que esa historia recién comenzaba.

domingo 12 de febrero de 2012

IMAGINACIÓN por DELFINA SUÁREZ


Él, atribulado por lo que le iba a suceder, hizo un esfuerzo hasta evadirse de la realidad, en “la sustancia fugitiva del tiempo”. Pensó que si pudiera atravesar la frontera del planeta tierra, logaría alcanzar la tangente, allí en el espacio sideral observaba la tierra sintiéndose más seguro. Intuía que algo no andaba bien, la tierra se iba oscureciendo de a poco al producirse un eclipse.
Al no poder retener ninguna imagen real, se asustó y aterrorizado cayó a tierra, anclado en ella…ni siquiera lo acompañó “el tiempo de una falacia”.

“La sustancia fugitiva del tiempo”
“El tiempo es una falacia.” J. L. BORGES

viernes 10 de febrero de 2012

UN BESO Y OTRAS CRUELDADES por LILIANA SOSA



                        “he dejado mi cuerpo junto a la luz”
                                     
                                     Alejandra Pizarnik


            

Mancillaste mi boca de durazno
con tu boca prostituida de besos
experta y mentirosa.
Y no te bastó con eso
corrompiste mis buenas costumbres,
la decencia inculcada
en colegios religiosos.
Me convertiste en un títere de papel
degradándome a cambio de tus besos.
Caí pesadamente
al fondo del infierno
volando en una nube de inconsciencia
a merced de manos lujuriosas.
Y todo por un beso
un solo y maldito beso.

miércoles 8 de febrero de 2012

HIJO DESEADO por LILIANA LAPETINA

Tu boca dibuja en el aire un soplo de ternura
Tus manos se agitan como iniciando un vuelo
Tus ojos me presienten, hasta parece que me hueles
Buscas una cuna en mis brazos
El calor de mis labios en tus mejillas
El amor de mi corazón en el tuyo
Sé que en alguna suave nube esperas por mí
Aguardemos pacientes nuestro encuentro
Presiento cercano el milagro…

GORJEOS por SILVIA BALBUENA






Diciembre. Atardecer caluroso,agobiante, en el verano rosarino.


Se sentó frente a la computadora.Debía terminar su último cuento de la zaga de historias de amor junto al mar.La editorial la estaba esperando para comenzar con la impresión. Estabadesconcentrada, las ideas le salían a cuentagotas. El calor se pavoneaba en su ser y no la dejaba pensar. Tecleabaalgunas pocas ideas.


La tormenta, al fin, se desatóenfurecida. El calor la había llamado durante toda la tarde y el anochecerllegó plagado de estridentes truenos, fluorescentes rayos, copiosas lluvias quese enardecían con las intensas ráfagas de viento. Parecía que las ramas no ibana resistir tanta bravura. Y su alma se inundó. Y el erotismo, el amor sensual,lascivo, salió hecho palabras en un texto amatorio, que ya no le pertenecía,que se enseñoreaba en el monitor. Cuando la noche se hizo más noche, le pusofinal a su historia. Se sentía reconfortada, el producto obtenido lasatisfacía.

Lo imprimió, cenó algo y se acostó.La furia de la tormenta había dejado paso a una lluvia tenue, persistente, monótona.Los relámpagos sólo eran unas suaves luces allá a lo lejos. Arrullada por esasuavidad y feliz de haber finalizado su cuento, se durmió

Cuando las penumbras empezaban aquerer invadir el día, intensos gorgoritos la despertaron. Se asomó a la puertabalcón de su habitación. El pino, el alerce, el limonero del fondo y la bignoniatodavía eran sombras oscuras que se empezaban a recortar, pero ya estabaninundadas de trinos. Sonrió. Pensó que era la explosión de las aves de sujardín que se buscaban, identificaban, rescataban, saludaban, como una esperanza de vida despuésde la tormenta. Y sintió también, casi imperceptible, casi imaginario,adormecido, débil, final, algún aleteo sobre el césped

Suavemente, se sentó en su sillón.Recogió sus piernas, se ovilló. Pensó que eso era su vida. Los aleteosdesvaneciéndose de un amor que finalizaba, de los recuerdos que ya no eranrealidades, de los afectos seguros que ya no estaban, de las sonrisas queridasque se perdieron, de un ayer que iba expirando. Pero también su vida era eseamor nuevo, henchido como los trinos, hendiendo el aire, espiralándose paraconstruir nuevos sueños, ensayando nuevas notas para que no fuera taninalcanzable, buscando transformarse en nuevas palabras para hilvanarencuentros, deseando ser grito de bienvenida.

Entonces se dio cuenta,desconsoladoramente, cuán enorme era su soledad. Se ovilló más fuerte, laslágrimas escaparon con la suavidad de lo irremediable. Ya el amanecer se habíaatragantado con las últimas penumbras.

Se construyó una burbuja. Seescondió. Dejó de pensar. Era una suspensión de la nada en un todo. Era sólouna molécula en un tiempo y un espacio.

De repente un rayo audaz, inesperado,calentito, la volvió dorada…

martes 7 de febrero de 2012

SIN TÍTULO por PATRICIA TORRES




"Quería soñar un hombre" JORGE LUIS BORGES

"Quería soñar un hombre", quería soñarlo con integridad minuciosa e imponerlo a la realidad, pero la realidad siempre ensucia a los sueños, los arrastra, los aniquila, los hace rodar por el barro enlodando las puntillas de la funda de la almohada, para que se enmugren los cabellos, dejando una señal del precio que se paga por un sueño. La mañana trae agua de manantial para lavar la cabeza de barro y deseos.
A pesar de todo, cada vez que la hora del descanso llegó, se empecinó en construir el hombre como le hubiese gustado, con las manos grandes para sostenerla, con el pecho fuerte para acurrucarse en las siestas. Quería un hombre con ventanas a la lluvia, que usase soquetes para caminar sobre las olas y guardase en ellos un poquito de espuma. Un hombre de sombra transparente y soles desnudos, pero la realidad siempre supera sus sueños.
Y de tanto soñarlo se le metió en la piel. Escarbó para sacarlo de ella hasta quedarse sin sangre, buscó en los rincones y debajo de sus zócalos. No lo encontró porque ese hombre era de nubes y brisas que se escurren en el follaje.
Su hombre real, tan diferente al soñado se escapaba entre el segundero y el minutero del reloj colgado en la pared, habitaba una jaula de barrotes endebles que tan sólo abandonaba para regalarle unos instantes de su falta de libertad.
Ella no era de conformarse con menos, una noche trepó hasta su sueño, se metió en él y al llegar la luz de la mañana, entendió.
El hombre de sus sueños, mató al verdadero, sin saber que el uno y el otro eran el mismo, salvo por alguna chispa de realidad que le quitaba el resplandor, entonces, ella se acurrucó junto al muerto y resolvió no volver a despertar.

lunes 6 de febrero de 2012

"QUE TU CUERPO SEA SIEMPRE UN ESPACIO AMADO DE REVELACIONES" por BEATRIZ LEIBOVICH




Todo aquello no fue un sueño, en  los primeros días de abril,
fueron de  profundos anhelos, el rumor crecía
como si una  vibración se frotara en  pálido cansancio.
Beso encadenado al miedo.
El viento vuela tan rápido y te lleva.
Comienzo de otoño, se apaga el sol en el ocaso.
Deshilábamos recuerdos de mares de espuma
que crepitaban  apretándose en la playa.
Brisa quemando mis lágrimas en esa hora trágica,
 tendí mis brazos al espacio.
¡Ah! si yo hubiera podido saber, pero, callé
 y en mi corazón se encendió una cólera sombría.
Angustia unida a derrota, a misterio, y aquel día lloré
 todos me vieron sellar esa alianza entre vida y no vida, no más.
Toda cambió con el tiempo, un amanecer distinto.
Esas lágrimas verdaderas, secaron su sal de fuego,
 y ando los años corriendo al tiempo,
 reviviendo esos puntos que pasaron con su sabor a recuerdos.
Esa cicatriz se cerró, curó, y volví a tener noción de mis días
 y mi felicidad, siempre tendrá un ahogo de lágrimas.
Sé que pase lo que pase en esta vida, ya en la noche sabré:
Que tu cuerpo será siempre, un amado espacio de revelaciones.

Título extraído de Revelaciones  de Alejandra Pizarnik  
  
                                                      

martes 31 de enero de 2012

TU MANO por MARÍA ELENA FUSTER




En la extremidad de tu brazo,
palpando,
tu mano dócil, suave,
recorre mi cuerpo, adiestrada
en un ardid de caricias desatadas.
Tu mano juega, enredando mis hebras enruladas,
entre tus dedos y luego
sube, por los promontorios escarchados
de la hoguera de mis pechos
avanza por mi garganta
donde me agota el deseo
Y mi boca, con tu boca,
se disgregan en un beso.