viernes, 27 de abril de 2012
Los maravillosos libros voladores del Sr Morris Lessmore
jueves, 26 de abril de 2012
MELAINIS por LILIANA SOSA
domingo, 22 de abril de 2012
CREACIÓN por OLGA VALDÉZ
Sólo el ruido sordo de la triste soledad choque desordenado de trampas hecha roca. Oscilación perversa de oscuridad latente y el rayo estridente cruzando el cielo.
Fuego y oscuridad, sombras ausentes de animales perversos.
Cielo y tierra en una lucha incontenible de golpes brutales.
Dioses y hombres en una conjunción de poder y tortura.
Universo de planetas desconocidos y allí la confusión, el caos, el orden y el desorden natural enfrentados.
Sombra y fuego, bosques y montañas, agua y volcanes todos juntos al acecho de la creación.
Desierto y otra vez la soledad en un oasis. Estirpe rebelde convertida en polvo.
Viento y olas conjuro escandaloso en un juego de poder arrasando, destruyendo, ambicionando vencer.
Todo convertido en nada, hechizo silencioso de un escaparate abriendo grietas en osados caminos.
Cielo y tierra choque de planetas.
El bien y el mal y allí frente a frente la vida plasmada en un paisaje extravagante y celestial.
Tenebrosos ruidos hacen silencio y amanece.
La maldición ha terminado y la oscuridad disimulada en sobra sale a la luz florecida en Luna.
El Universo yace en su cuna.
viernes, 20 de abril de 2012
LA CREACIÓN DE AMAUTA por MARÍA CRISTINA ZAMORA
sábado, 31 de marzo de 2012
UNA Y OTRA VEZ por GRACIELA ZECCA
Otra vez la duda, el desconcierto, el miedo, volvían para apoderarse de él, desistiendo como otras tantas en el intento.
Detrás de la puerta, la muerte, que esperó pacientemente por tanto tiempo, festejó con una carcajada su victoria triunfal.
Una vez más, salió airosa. Había cumplido su trabajo.
domingo, 25 de marzo de 2012
SIN CULPABLES por PATRICIA TORRES

Me adelanto en forma preventiva intentando tener una coartada convincente ya que supongo que se me pedirá en un aquí, ahora y con carácter de urgente, prepare un descargo y sin diccionario mediante, tendré que ponerme a escribir, por lo tanto, empezaré a ensayar para que esta situación no me tome por sorpresa. .
Comenzaré explicando en la manera que me sea posible, acorde a la cronología de los hechos acopiados en mi propio archivo mental (que carece detestigos).
Con seguridad, dicho orden, será por mí cambiado desde un principio.
Diré: Mi musa más querida se tiró por el barranco (este sería el final, como les previne, el orden ya está alterado).
Obligada por las circunstancias, deberé revelar hechos, que querría mantener protegidos, bajo el manto que me proporciona la privacidad pero, para liberar sospechas sobre mi persona, procederé a narrarlos.
Doy origen a mi primer escrito en la siguiente forma:
“Todo empezó hace tantos años que no podría precisar con exactitud cuantos. Conocí al amor en una tarde de febrero… (creo que no es necesario dar más detalles sobre el hecho). Seguí viaje con él a cuestas, a veces estábamos juntos pero la mayor parte del tiempo corrí detrás suyo sin poder
alcanzarlo, apareció, entonces, en otoño, esta musa, mi gran musa. Ella me dictaba cosas fantásticas, pero su inspiración, no brotaba de sí misma, también, se recreaba en el amor para poder manifestarse.
Un día, sin pensar en las consecuencias, cansada de perseguir al amor, de vivir para él, de estar pendiente de sus tan escasas demostraciones, resolví prescindir de sus servicios.
El intento fue inútil, se aparecía por todas partes, pero, me resultaba cansadora la repetida historia del desamor y del sufrimiento que dejaba después de haberme pasado cerca.
Estaba sentada al borde del barranco y lo vi aparecer en forma de recuerdo (¡se mimetizaba con tanta facilidad!), en un heroico acto de falsa valentía lo empujé y cayó. La musa, triste y desconsolada resolvió suicidarse. Por lo tanto no me culpen de su muerte, tan sólo de la primera soy responsable, la segunda…”.
Hice un bollo con el papel en el que estaba volcando mi defensa, ya que comprendí, que me estaría declarando culpable de la muerte del amor y comencé el segundo descargo que decía algo así:
“Salimos a caminar con el amor y mi musa más preciada, entre ellos se entabló una fuerte discusión, forcejearon cayendo al barranco y…”.
Volví a reaccionar al darme cuenta que no contaba con testigos y que en las ropas de ambos estarían las huellas que dejaran marcadas mis manos al empujarlos, igual me vería involucrada en el doble crimen, hice otro bollo con el segundo papel que tiré por el profundo, negro y tenebroso barranco en ausencia de un cesto de papeles.
Intentaba pensar mi accionar ante esta situación, que sin dudas sería extrema y se me preguntaría con insistencia sobre la desaparición de ambos.
Entonces, escribí mi tercera y última nota.
Lo hice, sabiendo que alguien iba a encontrarla, como no quería que recayeran sospechas sobre ningún ser, la clavé a un árbol cercano con el cuchillo que llevaba preparado para asesinar al amor y a mi musa, en caso de no poder empujarlos haciéndolos caer por el barranco… y decía: “El amor resolvió irse después de haber sido esquivo durante años, nadie lo mató, ni sepultó, simplemente se marchó a un lugar donde yo no lo pudiera encontrar y mi musa, que no sabe vivir sin él, ya que en su ausencia se queda sin palabras y una musa sin palabras deja de ser musa, decidió seguirlo hasta donde fuese necesario y yo, que sin amor y sin mi musa más querida no soy nada, me tiré por el barranco”.
domingo, 11 de marzo de 2012
GENEROSIDAD por GRACIELA RODRIGUEZ

Tal vez vuelva a verte caminando por la calle, envuelta en tu chal azul
Sin importarte lo que pensara el resto de los mortales de tu apariencia...
y allí estaba tu encanto.
Regalabas tu risa a quien quisiera disfrutarla sin importarte quien fuera.
mostrando tus dientes rotos y separados, tu pelo desalineado y sucio
sin hacer nada por disimularlo.
Eras incapaz de hacer daño porque esa palabra no estaba en tu vocabulario
en tus manos ajadas solo cabía la ternura, el amor
y el cariño como consecuencia de ambos.
Aprendí con solo mirarte que la risa es un arte que no todos practican
que no hace falta pincel, ni lápices de colores,
para realizar el cuadro más bello.
No voy a buscarte, porque tal vez te encuentre mientras camino
o mientras me recuesto sobre el pasto con el sol besando mi frente
disfrutando solo con respirar.
O tal vez el viento halla venido a buscarte para llevarte con aquellos
que nunca conocieron la alegría y te convierta en suave brisa
que refresque la monotonía de sus vidas.
viernes, 2 de marzo de 2012
MIRADAS ERRANTES por EDEL SGUAZZINI
jueves, 23 de febrero de 2012
TORMENTA por OLGA VALDÉZ
Ya no
estás...
un rincón vacío me devuelve tu ausencia.
El viento sediento de entrañas
dobló tu hidalguía,
quebró tu entereza.
Convierto mis lágrimas
en gotas de rocío
para que bañen tus raíces,
te devuelvo la fortaleza
que esa noche perdiste.
Ya no estás...
La lluvia mojó tus raíces
para desprenderte del suelo.
La pared musgosa
ya no dibuja tu sombra.
No se escuchan las risas
que guardaban secretos.
No cobija tu sombra
mi figura bañada de plata.
Cae el sol, se apagan las sombras.
La noche llega guardando recuerdos.
Ya no estás
árbol de mi patio
pero ni el viento ni la lluvia
podrán llevarse tu recuerdo.
domingo, 19 de febrero de 2012
PAISAJE por GRACIELA RODRÍGUEZ

La lluvia había cesado. Las últimas gotas se dejaban caer pesadas.
Un pájaro mojaba su pico en un pequeño charco y bañaba sus alas
como si supiera que el agua de lluvia lo embellecería aún más.
El viento iniciaba su tarea de barrer las hojas,
y las nubes oscuras se corrían de lugar para dar paso a la claridad
Un anciano cerraba su paraguas porque ya no le era necesario.
El mal tiempo ya comenzaba a ser un recuerdo.
lunes, 30 de enero de 2012
COINCIDENCIAS por GRACIELA RODRIGUEZ

Jorge y Juan tenían varias cosas en común. Sus nombres comenzaban con la misma consonante, ambos tenían el cabello rizado, uno rubio y el otro moreno. Habían nacido el mismo mes, el mismo año y en la misma ciudad, caminaban las mismas calles, los mismos lugares, reían y lloraban con películas proyectadas en el cine de la avenida principal, alentaban sus equipos de fútbol y sufrían antes las derrotas, compartían juegos con amigos y hasta se enamoraron de la misma chica, pero ninguno de los dos fue correspondido, situación que no dejó ningún rastro de rencor entre ellos.
Esa tarde los dos se sentaron el en mismo banco de la plaza.
¿Cómo comenzó la charla? ¿Quién sabe? ¿Por qué se dio así? Porque si, simplemente, porque si.
Uno dijo al otro como si estuviera frente a un confesor, que estaba harto de ser bueno. El otro como si estuviera delante de un espejo, expresó con cierto abatimiento que una maldad inevitable formaba parte de su ser y que estaba cansado de ella.
Entonces, a uno de los dos, no importa cual, se le ocurrió proponer que por una semana, sólo por una semana intentarían ser diferentes. Transcurrido ese tiempo, volverían a encontrarse, en el mismo sitio y a la misma hora para contarse experiencias y conclusiones.
Uno de ellos fue a la tienda donde habitualmente hacía sus compras, cargó la mercadería con rabia como queriendo lastimarla, varios niños giraban a su alrededor y sintió ganas de golpearlos, se apresuró lo mas que pudo y se dirigió a la caja. La mujer a cargo del cobro era mayor, hacía años que realizaba ese trabajo, su cuerpo era pequeño y estaba avejentado, sus canas ocupaban la mayor parte de su cabellera y una arruga infernal cruzaba su frente, su risa era ridícula y esa amabilidad constante hacia todos... Arrojó un billete sobre el mostrador que ella recogió con sus manos torpes y comenzó a buscar un vuelto que tardaba en aparecer.
Sus ojos se parecían a los de su madre, humillados, tristes, y sus manos nudosas le recordaban aquellas, que húmedas, se apoyaban sobre su frente cuando era niño y la fiebre lo aquejaba, cuando contaba sus monedas para comprarle ese juguete que él tanto quería, cuando lo abrazaba y le decía que lo amaba y él no podía devolverle ese beso porque su padre decía que no era de hombres...
La mujer puso sobre su mano unos billetes de vuelto y le “dolieron” como si le quemaran la piel. Salió de allí, sentía que se ahogaba, su pasado aplastaba su cabeza. Tuvo ganas de gritar, de “ser”, pero sabía que ya no “era”, pasó por delante de una vidriera y se sintió tan viejo...
El otro fue a la misma tienda, comenzó a cargar la mercadería, parecía que no estaban tan caras como las veces anteriores, tal vez hasta le alcanzaría para llevar ese postre rico que siempre miraba pero dejaba en la góndola para que otros lo disfrutaran. Delante de él un niño dejó caer un sachet de leche y él se apresuró a levantarlo, no quería que lo castigaran, las heridas duelen a través de los años y hay que vivir ocultando las cicatrices, porque no todos las comprenden.
Cuando acabó de hacer las compras se dirigió hacia la caja. La señora con la amabilidad de siempre le sonrió, y él por primera vez le contestó de la misma manera. Le ofreció el billete para abonar su compra y esperó pacientemente que la anciana encontrara el vuelto, miró con tristeza sus manos viejas y torpes, y fue entonces que recordó las de su madre, cuando con ellas cubría su cara para atenuar los golpes que le daba su padre, o cuando lo abrazaba siendo un niño para evitarle los castigos que ese hombre quién sabe por qué, le propinaba.
La mujer colocó el vuelto en sus manos y ambos se miraron a los ojos.
Salió a la calle, respiró profundamente, su corazón también lo hizo.
El día de la cita, los hombres volvieron a encontrarse, a la misma hora y en el mismo lugar, ninguno dijo ni una sola palabra. Se quedaron en silencio.
jueves, 26 de enero de 2012
LA DESPEDIDA por CRISTINA ZAMORA
Armando Casenave bebió el resto del café sacado de la máquina expendedora, se levantó del sillón detrás de su escritorio, tomó su maletín con sus cosas y se dirigió lentamente hacia la puerta mirando el piso de cerámicos celestes comido por negras huellas. Cuando llegó su mirada gris llena de amargura se posó en ella, colocó su mano en el pomo y agradeció mentalmente que no hubiera nadie a esa hora y poco a poco los recuerdos se fueron abriendo paso en tropel, acudiendo a su mente.
Se vio entrando por ella la primera vez con su cuerpo erguido, fuerte y con firmes pasos, con una sonrisa tibia en los labios y lleno de esperanzas.
Allí, en ese lugar, había pasado gran parte de su vida, años dedicados a colaborar en decisiones complicadas poniendo su impecable experiencia y conocimientos, con sus facultades siempre al servicio de una mejor eficiencia de la firma a la que pertenecía sin fatigarse nunca por las horas empleadas en beneficio de la misma.
Sentía que sus ánimos regateaban, abrumado, atormentado por los recuerdos de los días en que entraba y salía por esa puerta lleno de optimismo y confianza en sí mismo, escuchando el ruido de las máquinas de escribir y el murmullo de las voces que hoy sentía que se apagaban en el silencio que se alargaba, sintiendo húmeda el alma en ese día que venía acompañado por un cortejo de brumas y tenía la tristeza de un amanecer lloviendo.
Ahora, después de tantos años cargaba su maletín lleno de los espectros de sus sueños de juventud, y no lograba consolarse.
Era conciente de que no le había ido mal, progresó, lo aceptaron con afecto, lo respetaron y respaldaron, tenía ahorros más que respetables, su casa, su auto, una casa de fin de semana, y su familia siempre había disfrutado de un bienestar estable, sus tres hijos se habían graduado y ahora eran profesionales rectos, responsables y éticos, cada uno en su especialidad queridos y valorados.
Bueno, pensó, tendría que acostumbrarse, llegaría la primavera nuevamente y él buscaría un lugar oculto en un parque y trazaría una señal secreta donde escondería en una fecha su melancólico, tétrico y solitario abatimiento.
Abrió con decisión la puerta y un viento frío golpeó su cuerpo, por lo que se subió las solapas de su sobretodo y envolvió su cuello con la bufanda gris humo, pues el viento cortaba la piel de su rostro como el filo de un cuchillo.
Cruzó el umbral por última vez, cerró la puerta y se fue caminando prestamente hacia su auto, tendría que acostumbrarse… ¡se había jubilado!
Texto publicado en "De puertas y ventanas"
domingo, 15 de enero de 2012
EL REFLEJO por EDEL SGUAZZINI

Marchitas las horas
que paso postrada.
Malditos los días
Que pienso despierta.
El sol me acaricia,
lo veo de lejos,
pero no me alcanza.
Profundos momentos
Que nunca he vivido.
Castigos del cielo
que me han convertido
en este ser frágil
que ya no reconozco.
Pero desde aquí huelo
el perfume de las flores
y desde aquí siento
el frío de la lluvia
que golpea contra el vidrio
que cae sobre la ventana.
Conquisto en silencio
el sabor de tu aliento
y atino a salir,
a escapar del infierno
cuando el reflejo
me atrapa.
Poesía publicada en "De puertas y ventanas"
lunes, 19 de diciembre de 2011
martes, 13 de diciembre de 2011
ABRIR PUERTAS por RAQUEL MATUZ PEÑA

Aún se despereza el sol en su cálido lecho, cuando Martina despierta. Es su primer día de jardín. Como toda novedad el hecho encierra ese halo de ilusión y misterio no develado. Es una aventura misteriosa, mezcla rara de fantasía y curiosa incertidumbre a descubrir.
Ansiosa y contenta a la vez, vive con alegría ese momento único e irrepetible. Su alborotado entusiasmo contagia. Media taza de leche chocolatada no bebida queda en el vaso.
Ya se ha puesto su flamante conjunto azul y ha colgado de los hombros sin ayuda, porque no la quiso las tiras de la mochila con la imagen de Kitty, que cubre su pequeña espalda. Dos prolijas trencitas la peinan y le dan un aire formal. Se siente grande e importante. Con un cálido abrazo y una sonrisa compinche se despide presurosa de la abuela.
Ya en la calle, nada la detiene. Camina apurada tomada de la mano de mamá y papá.
¡Al fin, llega! La vereda del jardín es un mar de niños. Le da gusto ver otros chicos, pero no los conoce y eso la inhibe ciertamente.
Una gran puerta de hierro cerrada, detiene su prisa y debe esperar. Enseguida se abre y entra. Al hacerlo, sus ojitos claros, color miel, brillan risueños ante los llamativos carteles con los personajes de sus cuentos favoritos. Globos, coloridas guirnaldas, payasos y juguetes, retractan la magia de un sueño infantil.
Pronto cambia su semblante. Con un beso, mamá y papá se despiden de ella y se van.
Sola, se encuentra frente a un mundo desconocido, lleno de extraños y siente ganas de llorar. La seño, atenta al menor detalle, lo nota, con ternura le da la mano y la conduce al interior de la salita.
-Vamos a jugar– le dice.
Con timidez se aferra a ella y se siente más segura.
Hoy, catorce años después y en su primer día de facultad, frente a la centenaria e imponente puerta de hierro, Martina evoca con dulce nostalgia aquel lejano momento y como antaño, experimenta la misma e inquietante expectativa. Más serena ya, pero con igual contenida emoción, ingresa al recinto junto al grupo de nuevos compañeros.
Texto publicado en "De puertas y ventanas"
lunes, 12 de diciembre de 2011
domingo, 11 de diciembre de 2011
PUERTAS por NORMA MANZINI

Hoy las puertas son blindadas, fuertes por la inseguridad en que se vive.
Antes las puertas si su material era madera, eran labradas, talladas, bellísimas.
Si eran de hierro, sus trabajos de orfebres, lucían y engalanaban la edificación.
Cuántas puertas habremos cruzado, unas lindas, otras más simples, pero cada una guarda un secreto de vida, de sus habitantes.
En una escuela secundaria daban clases en un gallinero y esa puerta era lastimera, sin embargo, nadie se quejaba por ello, ni los alumnos, ni de frío o calor, ni los grandes profesores que amaban su profesión y se esmeraban por enseñar.
Otras puertas son sublimes, pesadas, con esculturas, como las de las iglesias, que se abren para recibir a los jóvenes ilusionados que buscan la protección divina, para seguir juntos y felices.
Otras puertas se cierran detrás de alguien que se va para siempre y deja un halo de angustia en los corazones abandonados.
Otras se cierran porque esa casa va a ser demolida y se van, las pobre quién sabe adónde, a un desarmadero o a un volquete. Se sienten olvidadas y tristes porque ya no van a cumplir con el objetivo con que fueron hechas.
A algunas puertas, quisiéramos abrirlas de nuevo, pero de otras, no nos queremos ni acordar.
Pero todos tenemos una puerta que al cerrarse cobija a una familia. Simples seres humanos, tienen todo lo que quieren ahí, su mujer, su hombre, su hijo y su alegría de vivir.
Texto publicado en "De puertas y ventanas"
jueves, 24 de noviembre de 2011
DANZANDO EN LA PUERTA Y LA VENTANA por LEONOR CIERI

El viento apuraba mis pasos
junto a las hojas,
secas, amarillas, que tristes caían
y dejaban desnudas las ramas.
Porque llegó el otoño
volaban alto con el viento,
livianas ellas
no podían detenerse.
Dos árboles delante de una casa
sólo dos, mostraban sus ramas
con sus hojas todavía
colgadas de ellas.
Con la luz del sol.
se reflejaban sus sombras
en la puerta y la ventana cerradas.
Se movían al compás
de las ráfagas del viento
y parecían bailarinas danzando
un vals.
El sol se durmió
y en el escenario se bajó el telón.
Poesía publicada en "De puertas y ventanas"
martes, 15 de noviembre de 2011
domingo, 9 de octubre de 2011
FESTIVAL INTERNACIONAL DE POESÍA DE ROSARIO EN EL DISTRITO
XIX Festival Internacional de Poesía en Rosario
Sábado 24 de octubre de 2011
Distrito Noroeste – Rosario
Silvia Alicia Balbuena
Hay en el aire algo especial. ¿Son aromas? ¿Son sabores, olores, colores?
Hay una musicalidad de voces. La de la poetiza guatemalteca Rosa Chavez leyendo en su lengua indígena maya y en la nuestra española sus poesías llenas de encanto, de música, de voces de la naturaleza y de sus antepasados. Recogiendo la espiritualidad de su bisabuela. Invocando a sus ancestros y sus legados. Y la del poeta uruguayo Gustavo Wojciechowski, quien con una impostación de voz y una gestualidad de actor nos introduce en un mundo no percibido de visiones de letras y palabras.
Sí. Hay musicalidad en el aire, la de las palabras y los poemas. Y son precisamente éstos los que llenan el aire de colores, sabores, aromas, texturas, sonidos…
Y en ese aire especial, se puede dar un intercambio cordial de voces. Las de los coordinadores de la jornada Marcela y Fabrizio, que también dan con su espíritu un encanto especial. Y las nuestras, la de los asistentes, que pueden brindar y devorar palabras.






